CUANDO SE CEDE A LO IMPENSABLE
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SABIDURÍA AL HABLAR
20 noviembre, 2020

Eclesiastés 3:1 (RVR) “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.

En los años 1890, un hombre que conducía un auto perdió su sombrero en la propiedad de una señora desconocida, producto de una inesperada ráfaga de viento que lo lanzó hasta allí —era un sombrero fino, negro y en forma de hongo—.

En realidad el hombre no se dio cuenta a dónde fue a parar el sombrero, y a pesar de que lo buscó con diligencia, no lo encontró, así que se marchó. Sin embargo, la señora, dueña de la propiedad, pudo recuperar este sombrero, que terminó pasando los siguientes 45 años por la cabeza de varios miembros de su familia.

Como es lógico, luego de tantos años el sombrero en forma de hongo se encontraba digno de ser arrojado a la basura, no obstante, esta no fue la decisión que tomó la señora que encontró el sombrero en su mejor estado; ella se dirigió a un periódico local y solicitó ayuda para poner un anuncio en los clasificados buscando al dueño del sombrero. Dentro del anuncio, ella argumentaba que el motivo para buscarlo era porque durante los 45 años que el sombrero pasó de cabeza en cabeza, en cada uno de los miembros de su familia, siempre su conciencia le decía que lo correcto era buscar al dueño legítimo.

Impresionantemente pasaron 45 años para que esta mujer diera el paso de librarse de aquello que inquietaba su conciencia. Te pregunto: ¿Tienes algún asunto pendiente? ¿Hay algo que inquieta tu interior, pero que una y otra vez has postergado?

Es curioso que nosotros estamos viviendo en una época donde constantemente son lanzadas herramientas que facilitan nuestros hábitos y trabajo, y que de ellas esperamos cada vez más velocidad. Nos encanta todo lo que diga: en tan sólo un click, en tan sólo un segundo, al alcance de su mano, sin demoras. El problema es que buscamos que las cosas se hagan pronto hacia nosotros, pero muchas veces nosotros queremos tomarnos bastante tiempo para hacer lo que nos corresponde hacer.

¿Cuántos “Te pido que me perdones por haber tenido esa terrible actitud aquel día”, has ido aplazando? ¿Cuántas deudas que sabes que debes pagar has venido dejando para una próxima temporada, luego de suplir los gustos que consideras más importantes? ¿Cuántas conversaciones importantes con esos familiares o amigos has estado dejando para otro momento? ¿Cuántos hábitos has dejado para un próximo día, y sabes que estos están afectando tu salud? ¿Cuantas puertas que sabes que debes cerrar en tu vida aún están esperando tu acción?

1 Corintios 14:33 (RVR) “pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz”

Dios no es Dios de confusión y angustia; Él es Dios de paz. Un personaje anónimo dejó inmortalizada una frase: “Cuando hay una colina que subir, no crea que esperar hará que sea más pequeña”. No te acostumbres a estar angustiado por cosas que no has hecho y que sabes que está en tus manos hacerlas. Sé que hay decisiones y acciones difíciles de tomar, pero lo mejor que puedes hacer es dar el paso para resolver esos asuntos pendientes.

El Reverendo Billy Graham una vez dijo que a los sesenta y cuatro años su mayor sorpresa en la vida era lo corta que era. Él dijo: “Si alguien me hubiera dicho cuando tenía veinte años que la vida era tan corta y que pasaría tan rápido, no lo hubiera creído. Y si te digo eso, tampoco lo creerías. No puedo lograr que los jóvenes comprendan cuán breve es la vida; qué tan rápido pasa”.

Colosenses 4:5 (RVR) “Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo”

Ten en cuenta que el tiempo se puede redimir o perder, mas no ahorrar o retroceder. No esperes a que sea demasiado tarde.