LA VERDAD ABSOLUTA
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CUANDO SE CEDE A LO IMPENSABLE
6 noviembre, 2020

Marcos 4:35-41 (RVR) “Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas. Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”

Jesús les dijo a sus discípulos: “Pasemos al otro lado”, y luego se fue a dormir. Recordemos que Jesucristo siendo 100% Dios, también era 100% hombre. Así que naturalmente se cansaba luego de largas jornadas Enseñando y atendiendo a las necesidades de las personas que buscaban algo de Él. Y no debe extrañarnos el hecho de que Jesús se acostara a dormir, ya que eran varios kilómetros los que debían cruzar para llegar hasta el otro lado, a la región de Gadara. Jesús tenía allí un propósito muy grande que cumplir, así que confiando y descansando en Su Palabra decidió dormir mientras cruzaban al otro lado en la barca. 

He escuchado a algunos predicadores decir que Jesús se estaba haciendo el dormido para probar a los discípulos. Pero la verdad yo no creo esto; yo creo lo que literalmente dice la Palabra, que Jesús estaba dormido en la barca. Sí, Él estaba descansando plácidamente confiando en que al declarar: “Pasemos al otro lado, e ingresar en la barca, simplemente llegarían al otro lado.

Los Discípulos salieron con Jesús en la barca con destino al otro lado, pero cuando llevaban un gran trayecto remando y habían perdido de vista la orilla se levantó una gran tempestad, los vientos y las olas amenazaban constantemente con hundir la barca en la que iban. Esta tempestad tuvo que realmente ser impresionante, ya que en ningún momento vemos en este pasaje a  Pedro, Andrés, Juan, Jacobo, 4 pescadores  de oficio, parte de los 12 Discípulos que iban en la barca, tratar de calmar a los demás que no eran experimentados en el mar; sino que, incluso, estos 4 pescadores hacen parte de los que desesperadamente despertaron a Jesús para que los ayudara con esta gran tempestad.

Cuando Jesús fue despertado, Él no se asustó al ver la gran tormenta que se había levantado mientras dormía; por el contrario, le ordenó al viento y al mar que callaran. Y luego volteó a ver a sus Discípulos para exhortarlos por su temor y falta de fe. Jesucristo sabía que el reino de tinieblas iba a buscar de cualquier forma frenar Sus planes, pero que ni, incluso, la más grande de las tormentas podría frenar que Él cumpliera Su propósito en la tierra.

Los Discípulos estuvieron haciendo la voluntad de Jesús al remar hacia el otro lado. Ellos realmente estaban poniendo su esfuerzo para cruzar. Pero tenían todo calculado, menos que se levantaría una gran tormenta, sobre todo en un lugar sin retorno, ya que no estaban cerca de la orilla para simplemente huir de ella. Así que cuando despertaron a Jesús se llevaron una sorpresa todavía más grande. Ya que Jesús no les dijo: “Tratemos de sacar el agua, retrocedamos, busquemos cómo huir de esta tormenta”. No, Jesús miró al viento y al mar y les ordenó que callaran. Nada impediría que Él y sus Discípulos avanzaran. 

Hace unos años tuve el placer de tener a uno de mis profesores Bíblicos, el Rev. Tony Cooke, Enseñando en nuestra Iglesia, y habló sobre las diferentes tormentas que se levantan en la vida del cristiano. Él habló sobre cómo existen 3 tipos de tormentas. La primera es la tormenta que provoco por no hacer la voluntad de Dios; la segunda es la tormenta que provoca otra persona; y la tercera es la tormenta que se provoca cuando estás caminando en la voluntad de Dios, y el enemigo trata que no cumplas el propósito de Dios en tu vida a toda costa. Es precisamente en esta última tormenta en la que hoy quiero centrarme en este artículo. 

Si te dijeron que la vida en Cristo era una vida sin ningún tipo de dificultades, creo que no te dijeron toda la verdad. En realidad este caminar en Cristo está lleno de dificultades. Si has nacido de nuevo, y ahora eres una nueva criatura en Cristo, quiero decirte que eres una gran amenaza para las tinieblas y sus planes, ahora posees una gran autoridad delegada por Jesucristo, que el enemigo no tiene (Mateo 28:18), pero ambiciona, por eso buscará, de cualquier forma, que no cumplas el propósito de Dios para tu vida.

A veces cuando miramos el libro de Hechos, y vemos las narraciones de la Iglesia Primitiva, de cómo estos hombres y mujeres eran usados de forma tan maravillosa (Por ejemplo, vemos a un Apóstol Pedro a los que los enfermos esperaban para que cuando su sombra pasara sobre ellos el poder de Dios los sanara, o a un Apóstol Pablo que iba de región en región estableciendo Iglesias), y leemos la Palabra donde dice que eran confirmados con señales y maravillas (Hechos 14:3), decimos: “Wow, yo quiero vivir todo eso”, pero parece que pasamos de largo algo que sucedía en la Iglesia Primitiva, y es que la persecución era una constante. Sí, ninguno de ellos estuvo lejos de la persecución, por el contrario, cuanto más eran usados, más eran perseguidos. Incluso, el enemigo persiguió tanto al Apóstol Pablo que el mismo Apóstol llamó a esta persecución: “el aguijón en mi carne”. 

Lo admirable fue que aun con toda esta persecución ellos no desmayaron, ya que ellos sabían en qué posición los había dejado Jesucristo antes de ir al Cielo: “En la posición de vencedores”. Ya que Jesucristo dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo (Juan 16:33 [RVR]). Es decir, Jesucristo les dijo algo así como: “Ustedes van a pasar por diferentes dificultades, pero para todas esas dificultades Yo les he dado todas las armas para vencerlas, Yo los dejo como vencedores en este mundo”. Es por eso que quiero, a través de este artículo, Enseñarte sobre tu papel en la tierra y las dificultades que tratarán de frenarte.

Mateo 11:12 (NVI) “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él”

Desde que inicié este año 2020, Dios me recordó constantemente este versículo de la Escritura. Al principio creí que sería una Enseñanza para un Servicio en la Iglesia, para alentar a nuestra Iglesia sobre la importancia de aferrarnos más al Reino de Dios, para que nuestra Iglesia caminara en un nuevo nivel de confianza en el Señor y hablarles sobre cómo nosotros como Pastores también tenemos que estar aferrados a Su Reino. Pero a medida que estudiaba más este versículo, el Señor me daba más luz sobre lo que representaba para este año 2020. Y sí que ahora debemos estar aferrados a Su Reino. 

El enemigo sabe que su tiempo está punto de terminar, y que la Iglesia se levantará de una manera tan Gloriosa, como nunca se ha visto, para manifestar el Poder de Dios en la tierra, y que miles sean salvos, antes de ser raptada. Es por eso que él trata de frenar a la Iglesia, pero no lo permitiremos. La Palabra dice que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia (Mateo 16:18), así que estaremos firmes, aferrados a nuestro Dios.

Estos son tiempos acelerados. El Reino de Dios sigue avanzando. El buen plan de Dios se llevará a cabo, y ningún enemigo podrá frenar lo que está a punto de suceder. Es por eso que quiero animarte. No creas que la persecución en tu vida, al hacer la voluntad de Dios, es porque Dios te ha abandonado, o porque Él se está haciendo el de los oídos sordos. No, Dios es fiel, y sólo busca que creas en Él, y que te aferres a Él y a Sus Promesas. 

Los vientos y las mareas son inevitables, van a venir sí o sí a tu vida. Pero Jesucristo ya te ha dado la victoria. Usa las armas que te han sido dadas, levanta el nombre de Jesús en alto, proclama Sus Promesas, y reprende en el nombre de Jesús a esos vientos y mareas. Nada puede impedirte avanzar, a menos que se lo permitas. El miedo nos puede paralizar. Pero para eso Dios  nos ha dado Poder, para vencer a los vientos y a las mareas, por eso nos dice en 2 Timoteo 1:7-9 (NTV):

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder…”

Ahora comprendo por qué el Señor venía poniendo tanto en mi corazón este versículo. No podemos retroceder. Cuando no avanzamos, entonces retrocedemos. Y eso no te puede pasar. Mi esposa y yo, hemos estado preparándonos junto a ustedes para estos tiempos de guerra, y es hora de mostrar de qué estamos hechos y en quién hemos creído. No es momento de desalentarnos y gritar: “Señor, ¿no ves que nos hundimos?”, sino de  aferrarnos al Señor, creyendo en cada Promesa que Él nos ha dado, y proclamarla en nuestra vida. 

Es hora de avanzar contra viento y marea. Estoy seguro de que aferrados a Su Reino saldremos victoriosos de cada situación. Estoy tan seguro de Su Protección que cada día duermo tranquilo, porque sé que Sus Promesas me llevarán al otro lado. Sigamos aferrados juntos al Reino y avancemos contra viento y marea.