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La Verdad es una palabra que puede causar un poco de escozor. Hoy por hoy, la tendencia del mundo es que cada persona tiene su propia verdad o que todo es verdad según el punto de vista desde el cual se mira.

Si lo recuerdan, hace poco, mi esposo, el Pastor Rafael, dio una excelente enseñanza sobre lo relativo y lo absoluto, y cómo la Palabra de Dios es la verdad absoluta. Y es que estamos viendo un problema grave en la sociedad, que se ha extendido a nivel ‘pandemia’. Me refiero al relativismo crónico, donde precisamente toda área del ser humano es tenida como relativa, dándole mayor peso al pensamiento subjetivo. Sólo para que recordemos un ejemplo del relativismo crónico, que descarta la verdad absoluta de la Palabra de Dios, veamos el concepto de la familia: la sociedad no admite que la familia sólo está compuesta por la unión en el matrimonio de un hombre y una mujer y los hijos, fruto de esa unión, sino que para la sociedad de hoy todo depende desde el punto de vista que se vea y sienta y, por lo tanto, pueden existir muchos tipos de familias.

Ahora, si nos preguntamos cómo filtrar lo que es y lo que no es verdad, sería como hacer el trabajo de un periodista —o por lo menos de los primeros periodistas— o un verificador de hechos, constatar la información y ofrecer a las personas noticias o información auténtica. Si hablamos desde un punto de vista natural, tendríamos que: seleccionar la frase o hecho, consultar la fuente original, chequear fuentes oficiales, verificar fuentes alternativas, ubicar las opiniones de expertos o especialistas, para confirmar o desmentir la frase o hecho que deseamos verificar.

Como Cristianos, tenemos un libro que es cierto y seguro de principio a fin. Tanto desde el punto de vista histórico, como el literario, además de la progresiva revelación que trae consigo. Un libro que contiene todo el peso de la verdad absoluta. La fe, la Gracia y el Espíritu Santo que mora en nosotros nos dan la seguridad de que el contenido de la Biblia es seguro y sin error.

Cuando una Biblia se abre en la tierra, se abre el único libro del cual ninguno de los hechos que narra han sido probados como erróneos. No sólo es un libro de historia, la Biblia es un libro Divino, son las mismas Palabras de nuestro Dios expresadas al ser humano. Arqueológicamente ninguno de los hechos han sido hallados falsos. La Biblia se prueba a sí misma, dejándonos verificar su veracidad. Es tan perfecta la Biblia que nadie puede refutar que 1400 años antes del nacimiento de Jesús, ya estaba registrada profecía de que Él vendría de la tribu de Judá (Génesis 49:10), lo cual sucedió exactamente como fue escrito (Mateo 1:1-16).

Aun cuando nadie ha podido probar nada en contra de la Biblia, una gran parte la población duda de su integridad total, y lo más preocupante es que no sólo hablamos de personas del mundo que no conocen a Dios, sino que también hablamos de personas que dicen ser cristianas, amar a Jesús y ser nacidos de nuevo. Es vergonzoso expresarlo, pero es real: hoy muchos cristianos no consideran la Biblia como verdad absoluta. Es por eso que esos mismos cristianos no tienen posiciones claras ante el aborto, la ideología de género, el pecado, las ideologías comunistas y marxistas, etc. Para esos cristianos, la Biblia sí es la verdad, pero también puede ser una verdad moldeable al tiempo, ¡pero esto es un absurdo! ¡Cómo podemos nosotros pensar que es la Biblia la que debe corregirse y no nosotros! Como dirían las madres de antes: “¿Desde cuándo acá los pájaros tirándole a las escopetas?”.

Es que no es difícil el proceso, ya sabemos con seguridad que la Biblia es verdad, que se prueba a sí misma, y que contiene no una parte de la verdad, sino la absoluta verdad, entonces, toda semi-verdad debería ser descartada. No podemos sólo creer la parte que nos interesa, pero descalificar la que no se ajusta a nuestra forma de vivir o de pensar.

Sin embargo, gracias a Dios ante este ataque de relativismo crónico tenemos cómo defendernos:

Efesios 6:14 (RVR) “Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad…”

Cuando el Apóstol Pablo escribió esta carta, inspirado por el Espíritu Santo, les estaba hablando a cristianos, refiriéndose a lo que debían hacer para estar firmes en la fe. Para entender mejor el verso anterior debemos hacer un ejercicio creativo e imaginarnos la ropa típica que llevaban en la época en la que la carta fue escrita: hombres y mujeres llevaban largos vestidos o túnicas, por lo que para ejecutar cualquier trabajo que requiriese libertad de movimiento, si necesitaban prepararse para correr, o en el caso de la preparación de un soldado para el combate, necesitarían ceñirse, y para ello cada uno se pasaba su túnica entre las piernas de tal forma que quedara la parte trasera ajustada, y el excedente de tela lo dividían en dos para luego amarrar ambos lados en la cintura como un cinturón.

Lo que Pablo quería decir es que la verdad es el cinturón que debemos ajustarnos para que podamos estar firmes y listos no solo para cuando estemos enfrentando un tiempo guerra, sino para nuestro caminar de fe diario, sin enredarnos, sin dudar, sin estar como una cometa en agosto esperando que el viento sople para volar e ir de un lado al otro.

Si todos los cristianos tuvieran ceñidos los lomos con la verdad no estarían divagando entre lo relativo, no estarían pensando que sus opiniones sentimentales tienen mayor peso que lo que Escrito Está. Pero por lo menos, en Iglesia Palabra Pura, la Iglesia de la cual Rafael y yo le daremos cuentas a nuestro Señor Jesucristo, no patrocinamos el callar la verdad por agradar a la sociedad. En Iglesia Palabra Pura seguimos la dirección de nuestro Dios, de estar ceñidos con la verdad de lo que Escrito esta aunque en algunos cause escozor.