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Marcos 16:16 (RVR) “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”

¿Recuerdan la narración que nos da Hechos 8, de Felipe subido en el carro del Etíope dándole a conocer el Evangelio de Jesús?

Hechos 8:26-39 nos muestra cómo Felipe fue impulsado por el Espíritu Santo para acercarse al Etíope, y fue allí donde encontró a éste leyendo el libro del Profeta Isaías, y aprovechó para explicarle que las Profecías del Profeta habían tenido su cumplimiento en Jesucristo, en quien tenemos salvación.

El versículo 36 de Hechos 8 nos muestra la interesante pregunta que le hizo el Etíope a Felipe:

“Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?”

La Palabra no nos dice exactamente cuánto tiempo había transcurrido, desde que Felipe se subió al carro del Etíope hasta que éste presentó su inquietud sobre el Bautismo, pudieron haber pasado realmente muchas horas, pero sobre todo la respuesta a esta pregunta es la que toma gran relevancia:

Hechos 8:37 (RVR) “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes…”

Recordemos que la pregunta del Etíope no fue sobre qué necesitaba para ser salvo, sino qué le impedía ser Bautizado en agua. A lo que Felipe le dijo en otras palabras: “Si tú has recibido a Jesucristo como tu Señor y Salvador, es decir, si tú eres nacido de nuevo, no hay nada que te impida ser Bautizado en agua”.

Entonces, ¿sí hay un requisito para ser Bautizado en agua? Claro. Ser nacido de nuevo, creer en Jesucristo de todo corazón. Juan 3:16 nos permite conocer el propósito por el cual Jesucristo fue entregado como cordero en nuestro lugar:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

Dios nos ama tanto que desde antes de la fundación del mundo tenía un plan de redención para nosotros. La forma en que los nacidos antes de la cruz fueron guardados para ser justificados, fue únicamente por su fe en el Mesías que vendría, nunca por sus obras, ninguna de las obras que hicieron tratando de cumplir toda la Ley podía otorgarles salvación, pues la Ley no fue dada para salvar la humanidad, sino para demostrar que todos nacimos pecadores, destituidos de la Gloria de Dios. Una vez Jesucristo fue a la cruz y gritó: “Consumado es”, todos aquellos que creemos en Jesucristo y en su obra redentora, somos justificados delante de Dios.

Así que Juan 3:16 nos permite conocer que la única forma de ser salvos es CREYENDO en el Hijo de Dios, Jesucristo. Y Efesios 2:8-9 nos dice: “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios,  NO POR OBRAS, para que nadie se jacte” (NVI). Así que si le diéramos al hecho de ser sumergidos en las aguas y ser sacados de ellas algún mérito de salvación, estaríamos jactándonos de ser salvos por esa obra, y no por creer en la obra completa de nuestro Señor Jesucristo.

Concluimos entonces que el Bautismo en agua es importante porque es mandato de nuestro Señor Jesucristo, que es una experiencia en público testificando nuestro cambio interior, pero que no tiene ningún beneficio de salvación. Si ese fuera el caso no podríamos predicarles a personas que están agonizando, pues sabríamos que no se salvarían finalmente, ya que no tendrían tiempo de ser Bautizadas en agua. Pero, ¡Gloria a Dios! La Salvación se nos extiende por Gracia, y la recibimos por la fe en Jesucristo, y hasta el último milisegundo de vida hay oportunidad para recibir el regalo de salvación.