ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 3)
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ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 5)
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Job 1:21 (DHH) “… El Señor me lo dio todo, y el Señor me lo quitó; ¡bendito sea el nombre del Señor!”

Este ha sido uno de los versículos más malinterpretados, y que ha generado todo tipo de malas enseñanzas, que han hecho mucho daño en gran parte de los creyentes. Aunque toda la Escritura es inspirada por Dios, los creyentes deben ser responsables en hacer el debido proceso de división, teniendo en cuenta las Dispensaciones y el contexto de cada versículo. Ya que si leyéramos cada versículo sin tomar en cuenta esas pautas, estaríamos preguntándonos aún dónde está el fruto que Dios dijo que el ser humano no podía comer porque moriría, o tratando de visitar a los Profetas con regalos para que nos digan cuáles son las instrucciones de Dios.

Si alguna vez les han tratado de mostrar a Dios como un Dios cruel, que da y quita a su antojo, que sólo espera a que disfruten algo para luego quitárselos de la manera más traumática, hoy en este Blog, aclararemos que ESTO NO ES LO QUE DICE.

Satanás se concentró furiosamente en hacerle daño a Job, lo aborrecía porque él era un hombre que buscaba agradar a Dios. Dios ya sabía que satanás estaba poniendo su mira en Job, pero Su amor por Job lo hacía rodearlo a él, y a su casa, con Su protección, por eso satanás no había podido tocarlo. Sin embargo, Job era un hombre muy temeroso, que a pesar de estar protegido, no reconocía el poder de la protección de Dios, sino que se la pasaba temiendo a la destrucción repentina. Sus declaraciones nos lo permiten ver:  

Job 3:25-26 (NTV) “Lo que yo siempre había temido me ocurrió; se hizo realidad lo que me horrorizaba. No tengo paz ni tranquilidad; no tengo descanso; solo me vienen dificultades”

Sí, Job, aunque veía la Bendición de Dios sobre su vida, veía que era un hombre rico, con tierras, ganado, criados y numerosos hijos, que el tener tantos hijos era un símbolo de dignidad en esos tiempos. A pesar de todo esa manifestación de Bendición, Job temía que en algún momento lo perdería todo.

El temor es como una serpiente que va enrollándose en la presa sin que ella se percate, hasta que la tiene completamente atrapada. Una vez la serpiente enrolla a su víctima, la paraliza, y empieza a asfixiarla para terminar comiéndosela. Job, a pesar de contar con la protección de Dios, no se daba cuenta de que el miedo lo estaba asfixiando, y sus declaraciones y obras en temor le abrieron una puerta a satanás para dejarlo paralizado y despojarlo de todo, menos de la vida.

Job usó su libre albedrío para creerle más al temor repentino, que a la protección constante. Pero Dios en Su misericordia no permitió que Job luego de haberlo perdido todo, por culpa de su temor, quedara en el fracaso por siempre. Job, luego de reconocer que Dios lo estaba era ayudando (Job 42:1-6), y no abandonando, recibió de parte de Dios más de lo que antes tenía. Miren lo que dice Job 42:10 (NVI):

“… el Señor lo hizo prosperar de nuevo y le dio dos veces más de lo que antes tenía”

Dios le ofreció Misericordia y Gracia a Job. La Misericordia es no dar el castigo o consecuencia a alguien que se lo merece, y la Gracia es darle un bienestar o regalo a alguien que no ha hecho nada para merecerlo. Dios, a pesar de que Job lo culpó a Él de su calamidad, no lo castigó abandonándolo, por el contrario, le ofreció Gracia, al ver su arrepentimiento, dándole el doble de lo que antes le había dado.

Jesucristo fue a la cruz por una Bendición completa para todo aquel que en Él crea. No sólo fue para el perdón de pecados, por el contrario, el Profeta Isaías profetizó que todo lo que el Siervo sufriente, Jesucristo, padecería traería beneficios tanto espirituales como físicos a los redimidos por Él.

Hebreos 12:2 nos dice que: “Jesús soportó la cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte, porque sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría; y se sentó a la derecha del trono de Dios” (DHH). Todo lo que Jesucristo hizo fue para nuestro beneficio, y cuando dice que se ha sentado a la derecha del Trono de Dios se está refiriendo a que el pago está completo, y que Él ya no debe volver a la cruz, ahora ya nos ha puesto en una posición, a los hijos de Dios, de victoria por siempre por su triunfo en la cruz, en una posición de reyes y sacerdotes, de parte de la realeza del Reino de Dios.

Los hijos de Dios no tenemos a un Padre cruel, que le pedimos pan y nos da piedras, o en vez de pescado nos da serpientes (Lucas 11:11-13). Dios no está esperando a que se sientan sanos para luego quitarles la salud, para que supuestamente lo alaben por Su Buena Voluntad. Si a Dios le agradara el sufrimiento, entonces Job nunca debió haberse retractado por sus palabras necias culpando a Dios por su estado:

Job 42:3-6 (NVI) “Reconozco que he hablado de cosas que no alcanzo a comprender, de cosas demasiado maravillosas que me son desconocidas… De oídas había oído hablar de ti, pero ahora te veo con mis propios ojos. Por tanto, me retracto de lo que he dicho, y me arrepiento en polvo y ceniza”

Así que es claro, que Dios no es quien está poniendo enfermedades y calamidades en sus hijos para probarlos o hacerlos más humildes. Es claro que Juan 10:10 revela que el verdadero autor de las enfermedades y calamidades es el ladrón, satanás, quien siempre está buscando una oportunidad para atacar (1 Pedro 5:8), robando, matando y destruyendo.

Sé que de muchas malas situaciones no vamos a tener una respuesta, por lo menos inmediata, del por qué sucedieron, una muerte de un familiar o un amigo, la pérdida de un empleo, un accidente, etc. Pero jamás podemos culpar a Dios de lo que no entendemos. Por el contrario, debemos reconocer que los pensamientos de Dios hacia nosotros SIEMPRE son de bienestar y no de calamidad (Jeremías 29:11). Si necesitan saber quién es el culpable, siempre señalen al ladrón, al autor de la destrucción, no culpen al autor de la Vida, a Dios. Dios nunca nos da para quitarnos. Su suministro de bendición es constante.