ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 5)
16 abril, 2021
ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 7)
30 abril, 2021

Mateo 17:21 (RVR) “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”

Muchas personas cuando leen este versículo cometen el error de pensar que Jesucristo estaba dando una advertencia acerca de la influencia de unos demonios con un poder que hace que fácilmente no puedan ser echados de la vida de la gente, a menos que se ore y ayune intensamente. Estas personas suelen llegar a la conclusión de que al género al que se refiere Jesucristo es a la entidad demoniaca, y por ello, muchas personas cuando oran por algo y no ven la manifestación inmediata, piensan que el motivo es porque están lidiando con un demonio que sólo sale con oración y ayuno.

Entonces, si alguna persona ya tiene este concepto como cierto en su mente, y está luchando con graves problemas financieros, inmediatamente recuerda este versículo, y concluye: “Debo orar y ayunar, porque este género sólo sale con oración y ayuno”. O si esta pasando por un problema familiar, o luchando con una adicción, o tiene a un familiar enfermo por mucho tiempo, sea que la persona lo piense o que otras personas se lo aconsejen, la conclusión a la que llega es: “Este género —de enfermedad, problema o adicción— sólo sale con oración y ayuno”.

Sin embargo, ESTO NO ES LO QUE DICE este versículo. Siempre les recuerdo que no podemos estar sacando conclusiones sobre un versículo sin ubicarlo en un contexto. Así que regresemos al contexto:

Mateo 17:14-21 (RVR) “Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. Respondiendo Jesús, dijo: !!Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible. Pero este género no sale sino con oración y ayuno”

Este pasaje nos describe los ruegos desesperados de un padre a Jesús, a quien a su hijo lo atormenta un demonio que lo hace actuar como un lunático. Este padre está desesperado, porque a pesar de que los discípulos han orado por su hijo, no han logrado sacar al demonio.

Hasta aquí vamos bien, todas las personas concuerdan en que el padre fue a buscar la ayuda de Jesús, al ver la inefectividad de los discípulos. Sin embargo, debemos prestar atención a lo que respondió Jesús cuando recibió este reporte: “¡Oh generación incrédula y perversa!…” (verso 17). Esta parte suele ser pasada por alto. Pero debemos notar que en las declaraciones de Jesús nunca hubo mención alguna acerca del poder del demonio, sino una fuerte reprimenda sobre la incredulidad de los discípulos.

Ahora todo se va a poner más claro, del por qué Jesús va a recomendarle a Sus discípulos el ayuno y la oración, y cuál es el género al que se refiere.

Luego de que Jesús echara fuera al demonio que atormentaba al joven, los discípulos le preguntaron aparte —me imagino que porque estaban avergonzados por lo que había sucedido— el por qué ellos no habían podido echarlo, y Jesús les contestó que era por su falta de fe, es decir, su incredulidad. Ese precisamente era el género al que se refería Jesús, a la incredulidad, pues la incredulidad puede ser un freno muy efectivo para no ver la manifestación del poder de Dios.

Los discípulos estaban realmente asombrados del por qué no habían podido sacar este demonio, ya que lo habían hecho antes, pero es que es mucho más fácil orar por alguien que tiene un pequeño malestar o una pequeña dolencia, a ver a un hombre poseído, que seguramente se retorcía y echaba espuma por la boca. Los ojos de los discípulos estaban tan asombrados de lo que veían, que tenían incredulidad aún cuando oraban por el muchacho lunático. Es por eso que Jesús les dijo que la solución para ser libres de ese género, de la incredulidad, era la oración y el ayuno.

Ahora, comprendan, que los discípulos sí tenían fe, ellos sí creían que la voluntad de Dios era la libertad de este joven, ellos ya habían visto a demonios sujetarse y abandonar los cuerpos de las personas, pero en este caso en particular, estaban viendo algo que quizás les impresionó tanto, que a pesar de que creían, al mismo tiempo tenían incredulidad. Por lo tanto, la ecuación 1-1 dio como resultado, obviamente cero, y no vieron aquello que declararon.

El Rev. Andrew Wommack en su libro ‘Dios quiere que estés Sano’ dice: “Tu ayuno y oración no hacen que Dios actúe. Tampoco hacen que el diablo actúe. El ayuno y la oración te cambian a ti. Te influencian a ti”. Entonces, es verdad que hay personas que sí tienen fe, pero al mismo tiempo tienen incredulidad, por lo tanto, por más de que oren y declaren no van a ver los resultados que esperan, y no es porque haya un demonio de mayor categoría que necesite ser sacado con otra táctica, sino porque es necesario sacar la incredulidad, para que no sea un estorbo en la oración o declaración, así que es allí donde la oración y el ayuno tienen su lugar para sacar la incredulidad. Pues cuando estamos en oración y ayuno, podemos callar nuestros sentires y pensamientos carnales, y someternos de forma más fácil a la voz y dirección de Dios.

Cuando apartamos tiempo en orar y ayunar, también estamos apartándonos de los malos reportes y palabras de incredulidad, para por el contrario, sumergirnos en escuchar y declarar la verdad de la Palabra, hasta que la incredulidad no haga parte de la ecuación, eso es realmente ir en contra de ese género, el de la incredulidad.

Así que espero que de ahora en adelante puedan darle el contexto correcto a este versículo, y que así mismo de ahora en adelante puedan ver a la oración y al ayuno como la mejor arma contra la incredulidad. Porque todo el poder que necesitamos no está en nuestras oraciones y ayunos, sino en el poder del Nombre de Jesús. Por eso no permitamos que nuestra fe sea anulada por la incredulidad.