ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 4)
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ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 6)
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Malaquías 3:8-10 (RVR)

“¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde

Muchas personas se han acostumbrado a enseñar este pasaje respecto al diezmo, y lo han utilizado como una forma de ponerle una gran carga a las personas para que se sientan obligadas a diezmar, haciéndoles creer que de no hacerlo, sus palabras se cumplirán: “Si no diezman le están robando a Dios, por lo tanto, están bajo maldición”. Lo más triste de todo esto es que vemos que insisten con la maldición y hablan de la ira de Dios, pero todo esto nos muestra la ignorancia tanto del que enseña, como del que recibe la enseñanza.

Ahora, también debo mencionar que hay otro grupo de personas, que se han ido al otro extremo, respecto a la enseñanza de la maldición al no diezmar, proclamando que el diezmo es sólo cuestión del Antiguo Testamento, y que por ende no tiene ninguna validez ni aplicación hoy día. Sin embargo, este concepto es igualmente erróneo al anterior, pues si bien si no diezmamos voluntariamente no vamos a ser maldecidos, esto no significa que si diezmamos voluntariamente no obtendremos ningún beneficio.

Si vemos en las Escrituras, el principio del diezmo se menciona por primera antes de la Ley de Moisés, cuando Abraham le dio voluntariamente los diezmos a Melquisedec, el Rey de Salem, luego de reconocer que el botín que llevaba después de haber vencido a 4 reyes con sus ejércitos sólo había sido posible gracias al respaldo de Dios en su vida. Es por esto mismo que cuando el rey de Sodoma quiso darle los bienes que había rescatado, Abraham no los aceptó, porque él sabía que era rico sólo porque Dios lo había bendecido (Génesis 14).

Cuando alguien nos amenace con la maldición, debemos recordar que Dios puso toda Su ira sobre nuestro Señor Jesucristo y tomó nuestra maldición, para que nosotros recibiéramos la bendición que le había sido dada a Abraham (Gálatas 3:13). Es por eso que nosotros no diezmamos para calmar la ira de Dios, sino que voluntariamente honramos y reconocemos que la bendición que tenemos sólo es posible gracias la obra perfecta de Jesucristo, y que nuestras manos han sido bendecidas de tal forma que se nos ha dado el poder de hacer las riquezas.

2 Corintios 9:6-7 (RVR)

Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre

Estos versículos nos dicen: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad”. Cuando damos el diezmo creyendo que si no lo hacemos vamos a estar bajo maldición, entonces lo estamos haciendo por necesidad, y no con la alegría de saber que Dios ama al dador alegre y de haber entendido el Nuevo Pacto en el que estamos. Diezmar debe nacer de un corazón que se alegre al hacerlo; jamás debe hacerse bajo una motivación de tristeza u obligación.

Aquel que diezma pensando que al hacerlo echará fuera la maldición, no ha entendido el Sacrificio de la Cruz, porque la misma Palabra nos confirma que si dependemos de las obras de la Ley, estamos bajo maldición (Gálatas 3:10). Así que, o ponemos nuestra confianza en nuestras propias obras y renunciamos a la Gracia, o ponemos nuestra confianza en el Sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, entendiendo y aceptando que es por Gracia que hemos sido bendecidos. O es un camino o es el otro, pero no los dos.

En conclusión, nosotros no le pagamos a Dios para que no nos maldiga, ni mucho menos compramos nuestra bendición, pero sí cuando diezmamos estamos reconociendo y honrando a nuestro Dios. El diezmo es de beneficio para nosotros cuando lo hacemos con un corazón alegre.

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