ESTO NO ES LO QUE DICE (PARTE 6)
23 abril, 2021

Salmos 51:11 (RVR) “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu”

¿Alguna vez han orado conforme a este versículo? ¿O quizás han escuchado a alguien decir: “Señor, no me abandones, no quites de mi tu Santo Espíritu, por favor, escúchame”? Quiero decirles que estas son oraciones incorrectas de acuerdo al Pacto vigente, el Nuevo Pacto.

Y sé que la Palabra dice que David era el hombre conforme al corazón de Dios (Hebreos 13:22), y que de su comportamiento hemos sacado grandes lecciones que nos han servido de inspiración en nuestro servicio a Dios. Pero esto no deja de lado el hecho de que David, aunque vio la Bondad de Dios, no pudo disfrutar del Nuevo Pacto.

David estaba bajo el Pacto Davídico (2 Samuel 7:10-16), en cual Dios le prometió un linaje real por siempre, pero aún así, este Pacto se encontraba bajo la Dispensación de la Ley de Moisés. Y la Ley es descrita en la Palabra como un ministerio de condenación (2 Corintios 3:9), en el cual cuando alguien pecaba caía bajo maldición y estaba destinado a sufrir las consecuencias de las maldiciones, descritas en Deuteronomio 28.

No es difícil darnos cuenta por las Escrituras que David amaba a Dios y quería agradarle, pero él no era un hombre nacido de nuevo, y aunque creyó en la Venida del Mesías, él estaba bajo otro Pacto muy diferente al de nosotros. Miren lo que Profetizó David sobre lo que para él era un misterio: 

 Salmos 32:1 (NVI) “Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados”

David sí creyó en la Venida del Mesías, y fue justificado por su fe en el Mesías, pero vio el cumplimiento del la Promesa de Salvación de lejos, no como un hombre nacido de nuevo, por lo tanto, sus pecados le eran imputados a él, así que debía acudir a los sacrificios de animales para que sus pecados fueran cubiertos, sabiendo que aun así la maldición lo alcanzaría.

Ahora, quizás se pregunten: “Si el Espíritu Santo fue derramado en Pentecostés sobre los creyentes, ¿cómo fue posible que David le dijera a Dios que no le quitara Su Santo Espíritu? Pues deben tener en cuenta que el Espíritu Santo sí venía sobre ciertas personas antes de la Dispensación de la Gracia, sobre todo sobre Profetas, reyes y Sacerdotes. El Espíritu Santo venía sobre ellos y partía de ellos. Precisamente David había sido usado por el Espíritu Santo para Profetizar sobre el Mesías. Pero su estado como no nacido de nuevo, al pecar, podía provocar que la Presencia de Dios se apartara de él.

David ya había visto cómo Dios había desechado al rey que estuvo en el trono antes que él, a Saúl, quien por su desobediencia y orgullo no tuvo ningún problema en tratar de agradar a los demás y a sí mismo, sin importar la instrucción de Dios, quien finalmente le había dado el trono. Por lo tanto, Dios lo desechó y apartó Su Presencia de él (1 Samuel 16:14).

Así que pensemos en la angustia que sentía David cuando pecaba, como cuando cometió adulterio y fue el autor intelectual del asesinato del esposo de la mujer con la que adulteró. David sabía que sus acciones le podían costar perder la Presencia de Dios.

Ahora, no quiero que se malinterprete el hecho de que David decía no quites de mí tu Santo Espíritu. Eso no significaba que el Espíritu Santo habitaba dentro de David, ya que les recuerdo que él no había nacido de nuevo. Pero sí David tenía la manifestación del Espíritu Santo sobre él. Entonces, cuando David rogaba porque no fuera echado y que no se le quitara al Espíritu Santo en él, se refería a: “No me deseches, que Tu Misericordia se extienda sobre mí, para que sigas guardando y respaldando mi vida, te necesito”.

Así que con este contexto histórico y el conocimiento de en qué Dispensación David dijo esas Palabras, ahora podemos entender el por qué nosotros, quienes sí estamos bajo el Nuevo Pacto, bajo la Dispensación de la Gracia, donde no se nos son imputados nuestros pecados, y donde hemos nacido de nuevo y nuestro espíritu es perfecto, no podemos estar orando de esa misma forma.

Precisamente David se refería a nosotros como los dichosos o bienaventurados a quienes se nos borrarían nuestros pecados. Pues a pesar de que no hemos perdido la habilidad de pecar, y no debemos practicar el pecado, porque la Gracia nos empodera para no pecar, aun así, si pecamos nuestro espíritu no peca, nuestro espíritu perfecto está sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13), y Él está como garantía de que somos pertenencia del Señor y de que Sus Promesas son eternas, no temporales, por lo tanto, a pesar de que fallemos, no se nos será quitado el Espíritu Santo en nuestras vidas, no seremos desechados.

¿Eso significa que podemos pecar y pecar, y no pasa nada con el Espíritu Santo? No completamente. Déjenme explicarles: como nacidos de nuevo el Espíritu Santo no se nos es quitado si pecamos, pero lo que sí sucede, es que si seguimos pecando apagamos poco a poco la voz del Espíritu Santo en nuestras vidas. Eso no quiere decir que el Espíritu Santo no siga hablándonos y guiándonos, ya que aunque nosotros seamos infieles, Él permanece fiel (2 Timoteo 2:13). Lo que significa es que al no prestarle atención a la guía del Espíritu Santo, y seguir pecando como si nada, cada día perderemos esa importantísima sensibilidad a la voz Divina del Espíritu Santo, por lo tanto, será más difícil reconocer el camino correcto en este caminar por la tierra, y sufriremos consecuencias del pecado, que pudimos haber evitado si no hubiésemos ignorado la voz constante del Espíritu Santo en nosotros.

Por favor, si han estado orando de esta manera, ya no lo hagan más. Dios prometió el Espíritu Santo en nuestras vidas, y Él no miente (Números 23:19).

Ezequiel 36:27 (LBLA) “Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas”