ASUNTOS PENDIENTES
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ACCIÓN DE GRACIAS
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Un día, una madre llegó a su casa y pudo ver que sus 6 hijos estaban formando un círculo y parecían estar observando algo fijamente en el centro. La madre, por supuesto, fue a ver de qué se trataba, y casi no podía creer lo que veía.

Ya que en medio del círculo que formaban los 6 niños se encontraban 3 mofetas (zorrillos) —unos animales de largas colas, que cuando se sienten en peligro liberan un líquido de apestoso olor, casi inaguantable—.

Esta madre asustada, al ver el peligro inminente, gritó con todas sus fuerzas: “¡Niños! ¡Salgan, salgan, salgan!”. Grito que precisamente alarmó a los niños y provocó que ellos reaccionaran tomando a las mofetas de las colas y corriendo hacia la puerta. Pero esto no fue todo, ya que las mofetas también se asustaron ante este grito y el movimiento brusco de los niños, así que liberaron su terrible y característico olor por toda la casa. El resultado final fue que a pesar de todos los trucos y recetas que aplicó esta madre para liberarse de este olor en el cuerpo de sus niños y de su casa, no lo logró hasta que pasaron 3 semanas.

El Maestro Bíblico Warren Wiersbe, que desde el año pasado descansa en la Presencia del Señor, hizo este comentario: “Estamos viviendo en la ‘era de la información, pero ciertamente no estamos viviendo en la ‘era de la sabiduría’”. Y la historia de la reacción de esta madre, al ver las mofetas, es un claro ejemplo de que el conocimiento y la sabiduría son dos conceptos diferentes y con consecuencias diferentes. Pues si bien el conocimiento es, como su nombre lo indica, conocer la definición y los atributos de algo, la sabiduría es usar correctamente y en el tiempo adecuado aquello que ya conocemos.

Analicemos: la madre conocía dos (2) cosas importantes.

  1. Las mofetas liberan un olor desagradable al sentirse amenazadas.
  2. Un grito es una señal de alerta para llamar la atención de alguien.


Ahora, esto era lo que ella conocía de forma correcta, el problema es que no hizo uso de este conocimiento de forma correcta, o sea, con sabiduría. Ella simplemente no reflexionó en lo que su acción desencadenaría.

Creo que tú y yo estamos de acuerdo en que ante el problema en el que estaba esta madre lo mejor que podía hacer era tomarse unos momentos para analizar la situación, para luego en silencio sacar a sus hijos, uno a uno, de la casa, y después, en silencio sacar de su casa sin ninguna alteración a las mofetas. No obstante, no podemos juzgar a esta madre como si nosotros nunca abriéramos nuestra boca en el momento incorrecto, y mucho menos sin las palabras correctas. Ya de esas imprudencias al hablar tenemos un buen historial.

Jeremías 29:11 (NVI) “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”

Proverbios 18:21 (NVI) “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto”

Puse estos dos versículos juntos para que veamos algo. Dios nos ha dado libre albedrío, Él no opera en nuestras vidas sin nuestra cooperación. Así que si bien tenemos la seguridad de que Sus planes para nosotros son siempre buenos, no significa que nosotros no tengamos una responsabilidad para que estos planes se cumplan. Es allí donde Proverbios 18:21 nos deja claro que con la lengua, ese músculo tan pequeño a nuestra vista, podemos ponernos de acuerdo con la vida o con la muerte. Es decir, con nuestra lengua podemos cooperar con el buen plan de Dios para nuestras vidas, o por el contrario, podemos, aun sin estar conscientes, ponernos de acuerdo con el plan del enemigo descrito en Juan 10:10.

Así que es ante esta alerta que debemos seguir el consejo que nos dejó el Apóstol Pedro en su Primera Carta, haciendo referencia a un Salmo de David: “el que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños” (1 Pedro 3:10 [RVR]). Y sí que el Apóstol Pedro había aprendido acerca del valor del silencio. Pues él mismo fue el que con sus impulsos uso su boca para tratar de persuadir a nuestro Señor Jesucristo de no ir a la cruz, después con su misma boca le prometió fidelidad hasta la muerte, para finalmente terminar con su misma boca negando cualquier relación con nuestro Señor Jesucristo.
Creo que constantemente tenemos que chequear nuestras palabras y arrepentirnos de lo que salió de nuestra boca, incluso, nuestra oración continua debería ser de acuerdo a Salmos 141:3 (NVI): “Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios”. El silencio no es sinónimo de debilidad y pasividad, por el contrario, el silencio nos permite escuchar la voz de Dios de forma más clara y procesar la directriz de Su Palabra para que podamos hablar y actuar de forma sabia.

En la vida de Nehemías encontramos un ejemplo de dirección sabia ante una situación difícil. Debes recordar que Nehemías había emprendido el liderazgo de la reconstrucción de los muros de Jerusalén. Él desde el primer día de lanzarse en este proyecto tuvo que lidiar con enemigos que trataban de frenar sus planes, pero es en el Capítulo 5 que encontramos un problema todavía más fuerte que tuvo que enfrentar, y lo peor es que era provocado por los mismo de su Pueblo. Pues resulta que muchas familias desterradas, que regresaron a Jerusalén, estaban sufriendo el abuso financiero de sus compatriotas más ricos, quienes les imponían altos intereses, e incluso tomaban a los miembros de estas familias como esclavos cuando les era imposible pagarles. Esto a muchas familias las estaba desanimando de seguir con la reconstrucción. Así que veamos con estos dos (2) siguientes versículos qué hizo Nehemías:

Nehemías 5:6-7 (RVR) “Cuando oí sus palabras de protesta, me enojé muchísimo. Y, después de reflexionar, reprendí a los nobles y gobernantes”

Nehemías fue sincero al decirnos que sí estaba enojado cuando escuchó todo lo que pasaba en su Pueblo, pero es allí donde aplica un principio importantísimo, característico de las personas sabias, no habló hasta que terminó de reflexionar; él no se dejó llevar por la ira, sino que reflexionó. El comentarista Bíblico David Guzik dijo del versículo 7: “Era un hombre lo suficientemente apasionado como para enojarse; pero lo suficientemente sabio como para no actuar hasta haber meditado en el asunto cuidadosamente”. Si siguen leyendo los versículos siguientes de Nehemías Capítulo 5, se darán cuenta la forma tan sabia como les habló a los implicados en este problema después de haber meditado y la respuesta inmediatamente positiva que recibió de ellos.

Y es que las emociones son importantes, pero no debemos permitir que nos controlen. Las cárceles están llenas de personas que por un minuto de ira no controlada están pagando penas de años, o los bancos poseen largas listas de cientos de embargos por realizar, producto de personas que adquirieron una deuda guiados por un impulso o una emoción temporal.

Por eso para finalizar este Blog te voy a dar dos (2) buenos consejos para tu caminar diario, y sobre todo para los tiempos difíciles:

  1. Cuando no tengas nada bueno que decir no te dejes llevar por el impulso de tus emociones; guarda silencio y reflexiona en la Palabra de Dios.
  2. Cuando tus emociones hayan sido aplacadas por la verdad de lo que Escrito Está, habla, pero usando tus palabras de acuerdo a la Palabra de Dios, pues esta es la única Palabra Profética más segura, por lo tanto, en todo tiempo profetízalas sobre tu vida. De esta forma estarás hablando Sabiduría de lo alto sobre tu vida.

¿Has recibido un mal diagnóstico? No digas frases como: “Me voy a morir, estoy cada vez peor”; mejor guarda silencio, reflexiona en las Promesas de Sanidad que hay para ti, y luego profetízalas sobre tu cuerpo. ¿Alguien te dijo algo que te provocó ira? No digas lo primero que salga de tu mente con la cabeza caliente; mejor guarda silencio, medita en la Palabra, pide dirección al Señor al respecto, y luego verás cómo las Palabras de Dios que permitas que salgan de tu boca empezarán a producir mejores resultados, que cualquier palabra ociosa de un corazón lleno de ira.

Espero que puedas poner en práctica estos consejos pronto, y así pases del lado de los que actúan con conocimiento, al lado de los que actúan con sabiduría, sobre todo con la Sabiduría más importante, la Sabiduría de lo alto.